Mi nombre es Anna, y este es mi testimonio de voluntariado en CIMA

Estuve voluntaria con 7 otros miembros de mi asociación durante un mes y medio hace dos años, apoyamos en la labor cotidiana de CIMA. Luego yo me quedé 8 meses más en Lima para hacer mis prácticas, así que tuve varias oportunidades de regresar en el hogar durante los fines de semana o vacaciones. Así, he continuado los proyectos que habíamos iniciado con mi asociación. El primer proyecto consistía en la renovación y decoración del taller de hidroponía, con el apoyo del Rotaract de Lima. El segundo proyecto, en colaboración con la asociación Nutrieducate, consistía en un diagnóstico de la cocina de CIMA, sensibilizar el personal y los menores a la importancia de una alimentación balanceada y a la importancia de la buena conservación de alimentos. El último proyecto tenía por objetivo de desarrollar una alianza con la Universidad del Pacifico con el fin que vengan estudiantes a CIMA como voluntarios durante el año. Y ahora estoy de vuelta de nuevo por 1 año esta vez en temas de gestión de proyectos y recaudación de fondos.

en cimaPero en lugar de explicar esos proyectos, quiero hablarles de CIMA, de los niños y adolescentes y dela experiencia que tuve con ellos. He podido tejer vínculos fuertes con ellos y tengo millones de recuerdos que permanecerán grabados en mi mente para mucho tiempo.

Cuando me fui del hogar, el Padre dijo: “Esos niños le robaron el corazón”. ¡Definitivamente tenía razón! CIMA es un hogar, no solamente en el sentido de un centro para menores, sino en el sentido de una casa, una familia.
Sentí un estrecho vínculo entre los niños y adolescentes, el hogar y el personal que trabaja allí. Hasta después de haberse retirado del hogar, los ex-CIMA siempre están bienvenidos para una visita o para los reencuentros anuales.

El hogar ofrece a esos niños y adolescentes una estructura que la mayoría de ellos nunca tuvieron. Por ello, tienen horarios muy estrictos (se despiertan a las 5:00 am) y están muy ocupados durante todo el día con la escuela y los talleres terapéuticos. El objetivo es de cambiar las costumbres que tenían en la calle y que al fin del día se vayan a dormir muy cansados sin haber tenido el tiempo de pensar en sus problemas que tienen afuera de CIMA. El hogar acoge a niños y adolescentes en situación de calle, que tienen problemas de conducta o que tienen un contexto familiar complicado, con problemas de robo, delincuencia, adicciones, u otro tipo de violencia por ejemplo…

anna-ninos-felicesEl hogar ofrece también un apoyo psicológico gracias a los psicólogos, trabajadores sociales y a los tutores. Cada casita está cuidada por un tutor 24 horas/24 horas. Se hace un gran trabajo de sensibilización con las familias de los niños, cuando tienen una, para mejorar las relaciones entre el niño y su familia. De hecho, CIMA está convencido que la familia es muy importante para su equilibro personal y que un real cambio solamente puede hacerse en harmonía con la familia del niño.
CIMA está completamente abierto, sin portal ni barrera así que los jóvenes pueden retirarse cuando quieran. Así, los niños y adolescentes toman voluntariamente la decisión de quedarse en CIMA, porque quieren realmente cambiar de vida y tener una oportunidad de reinsertarse en la sociedad y en su familia. Eso es una condición indispensable para su ingreso a CIMA. Pienso que eso diferencia CIMA de los otros hogares: están acá por su propia voluntad, aceptan reglas y cambian. Es la llave del éxito en el método de CIMA.

A primera vista, conociendo los perfiles de los jóvenes, teniendo todos historias muy fuertes y dolorosas podríamos pensar que habrá una atmosfera de inseguridad en el Hogar.
¡Pero no! Ya pasó que estaba la única voluntaria o a veces la única chica en todo CIMA y todo siempre se pasó muy bien. El humor de los chicos puede cambiar rápidamente y pueden tener reacciones sorprendentes, o pueden preferir quedarse solos. Hay que tener en cuenta siempre que son niños y adolescentes que tienen un pasado complicado y doloroso. Pero de manera general siempre están contentos de vernos, están de buen humor y son muy curiosos. Pasando tiempo con ellos, se nota que tienen comportamientos relativamente maduros, hasta los más pequeños, debido a lo que han vivido que les hizo crecer más rápido que lo que se debería. Pero esa aparente madurez disfraza una gran fragilidad afectiva. Muchos han faltado de cariño y de apoyo de su familia y por eso ahora lo buscan constantemente. Como nos lo explicó la psicóloga de CIMA, hay que tener cuidado siendo voluntaria en CIMA, hay que saber poner límites cuando es necesario. De hecho, unos se confunden a veces e interpretan mal nuestras intenciones, nuestros gestos o lo que decimos. Lo que no significa nada para nosotras puede tener doble sentido para ellos y se pueden enamorar fácilmente. El problema es que cuando se va la voluntaria, el niño sufre. Es un problema más que se agrega en la lista de los problemas que ya tienen. Se puede terminar en depresión o a veces unos se fugan. Por eso, hay que evitar cada comportamiento que puede ser malinterpretado, como abrazar los chicos, dar atención más fuerte a un chico en particular…

con los niños de cimaSon jóvenes inteligentes, talentosos y que tienen capacidades de observación sin límites. Son muy ágiles, vivos y tienen buenos reflejos. Lo hemos visto durante los varios partidos y juegos organizados durante las olimpiadas. Pero también vemos mala fe, trampas y espíritu de competición. No obstante, habitualmente hay armonía entre ellos. Nunca he visto los más grandes molestar a los más pequeños, por ejemplo. Un día, viendo que perdía la paciencia con unos de los más chiquitos que insistían demasiado por cambiar de música, un adolescente me señaló amablemente mi falta de paciencia. Compartió conmigo un poco de su historia y su experiencia. Con 17 años, tuvo que ocuparse solo durante varios meses de sus dos sobrinos de unos meses y 5 años. A ese momento me di cuenta que no hemos vivido 1/10 de lo que esos niños han vivido. ¡Su valentía me impresiona!
Aprendiendo más sobre sus vidas, nos damos cuenta que el problema más grande es que no tuvieron oportunidades y apoyo. Unos dejaron de ir a la escuela desde muy joven, otros nunca fueron o tuvieron una escolaridad muy caótica. Cuando el niño vive en un barrio pobre o difícil, cuando no tiene familia o que esa familia está casi inexistente, que hay poca educación y pocas perspectivas de tener un buen futuro, viendo muchas personas dando un malo ejemplo a su alrededor, está bien complicado de considerar otro camino que la delincuencia.
Aún con la mejor voluntad, sin apoyo, sin echar una mano y con un ambiente que ofrece perspectivas de futuro o de evolución, está complicado salir de esa situación y cambiar de vida.

En eso que ayuda el Hogar CIMA: ofrece una estructura, una seguridad, enseña otro camino y les ayuda a considerar otra vida. El centro intenta ofrecerles una nueva oportunidad, ¡y no es una labor fácil!

Anna, 25 años

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